Andres Alfonso Magaña

Recorrido en el Art Gallery of Ontario

Pacientes esperábamos la apertura de la galería que como nos comentaron tendría un recorrido nocturno pero era indispensable dejar nuestras cosas en paquetería, poco a poco la fila se iba acrecentando más y más por la ocasión de que además, la entrada era gratuita, enfrente nuestro desfilaban las sombras de la tarde sobre unas pintorescas casas de madera pintadas en colores apastelados y el barullo de la gente se acrecentaba alrededor. Las puertas de cristal emitieron un débil chasquido y se corrieron hacia dentro dejando un vestíbulo libre con personas que señalaban la ruta a la paquetería donde la mayoría se empezó a dirigir, y mientras uno se acercaba se daba cuenta como las cosas se iban dejando como en una especie de riel que ya llevaba un abrigo o una mochila y en un santiamén desparecía de la vista y la persona encargada te daba una ficha con un gesto apresurado buscando el siguiente paquete que colgar.

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Así empezaba el recorrido por el Art Gallery of Ontario y por donde le mirara uno se encontraba el tumulto de gente, teníamos poco más de dos horas para hacer un recorrido breve, que evidentemente era muy poco para el mundo de museo, pero cada quien libremente tomo su rumbo con la consigna de vernos en el vestíbulo al pasar ese tiempo.

Al caminar entre las salas iban apareciendo obras de Andy Warhol, fotografías de aeroplanos de la II guerra mundial con testimonios al parecer de sus tripulantes, esculturas de op art y así una variedad de estilos y técnicas que cambiaban rotundamente de sala a sala dejándolo a uno un tanto desconcertado, también en las mismas salas había una especie de guía que ante el menor atisbo de interés en alguna pieza en particular se acercaba a ti y preguntaba si querías escuchar más acerca de la misma, por lo que pronto las demás personas en la sala también ponían atención a parte de la explicación, pero sentía que eso me entorpecía el recorrido por lo que trataba de caminar más apresurado para ir a otros espacios o ver hasta donde me llevaría el recorrido.

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Llegue a una especie de biblioteca y al dar la vuelta quede justo enfrente de una señora que en el instante se puso a dar una explicación del fondo a otro grupo de personas que mencionaron ser de Portugal, por lo que se me hizo muy descortés retirarme, así que espere y la persona nos iba haciendo un recorrido señalándonos algunos de los elementos presentes en la sala y otros espacios que solo veíamos a través del vidrio dado que no se tenía acceso al público en general, entre el recorrido y el ir y venir de gente, también a lo lejos se alcanzaban a ver otras salas y fue en una de ellas donde llamo mi atención la oscuridad reinante de una por lo que decidí ir después, y en el momento de las preguntas poco a poco me fui haciendo hasta atrás, di la vuelta y continúe con la ruta hacia allá, y que estando más cerca uno adivinaba el tono más bien de un oscuro azul de Prusia de la pared con una serie de grabados dispuestos alrededor y un busto en el centro, al instante reconocí la obra expuesta en la sala y yo creo de haber alguien más mirándome fijamente justo en ese momento, fácil podría haber percibido mi cara de asombro, ese milisegundo que nos cambia.

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Una retrospectiva de la obra de Käthe Kollwitz pintora y grabadora alemana se presentaba en la misma sala, y así en cada una de las paredes se mostraban una serie de piezas y fotografías que anteriormente solo conocía de internet y ahora estaban ahí en cuerpo y materia, y sentía mi piel como se ponía china y es que su obra siempre me ha resultado de interés al hacer muy expresivo la zozobra del periodo de entreguerras que vivió en carne propia y que para mí ha sido un referente por su destreza en la técnica de la litografía y evidentemente por la expresividad de sus personajes que aun siendo gráfica o dibujos, reflejan claramente un profundo sentido crítico a los horrores de la guerra.

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Y pues ahí se me fue casi todo el resto del recorrido, hasta que un tropel de mensajes en whatsapp me sacaron del ensimismamiento y me alertaron de mi ausencia a la hora acordada, seguí caminando y en momentos corriendo por las salas, hasta que salí nuevamente a la templada calle de un Toronto ya de noche, en un septiembre que ya estaba en vísperas de darle su ficha a octubre…

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